Viña Albali Valdepeñas · Colección 26/27

La vid que
nos abraza.

Un Club que mueve a una ciudad. Una Bodega admirada en todo el mundo. La mirada de Chema del Fresno. Veinticinco años de raíces convertidos en piel.

La idea que lo puso todo en marcha

Antes del primer trazo,
ya había una raíz.

En Valdepeñas, el éxito no se mide en trofeos de metal, sino en la paciencia de quien espera la cosecha y la fuerza de quien labra la tierra. Esa misma filosofía es la que corre por las venas del Viña Albali Valdepeñas. El equipo ha sabido trasladar la esencia de la Denominación de Origen al 40×20 de parquet, demostrando que un club puede ser, a la vez, una institución deportiva y el orgullo de un pueblo y de una bodega.

Chema del Fresno

Ese fue el punto de partida. El Viña Albali Valdepeñas trasladó a Chema del Fresno una idea inicial con tres grandes referencias: homenajear nuestra cultura del vino y a Félix Solís, hacer presente la bandera de Castilla-La Mancha y desarrollar una edición especial que celebrara los veinticinco años del club. Después llegó una decisión esencial: darle libertad creativa al artista.

Había una historia que contar y confianza para encontrar la forma de hacerlo. Chema podía interpretar, explorar, proponer; convertir aquellas referencias en una imagen con personalidad propia. De ese encuentro entre la intención del club y la mirada del autor nació el concepto que terminó dando sentido a toda la Colección.

«La vid que nos abraza». Así aparece escrito en el boceto. Cinco palabras que llevan el paisaje hasta el cuerpo. Una cepa que crece, se ramifica y acompaña a quien viste la camiseta. Un dibujo que reúne tierra, pertenencia y movimiento, y que convierte el homenaje en algo que se puede llevar sobre los hombros.

Hay lugares que se reconocen en una silueta. Valdepeñas también se reconoce en los surcos de una cepa, en la paciencia de la viña y en el trabajo que vuelve a empezar con cada cosecha. La equipación recoge esa memoria y la pone en marcha. Del campo al pabellón. Del gesto del artista al gesto de quien defiende nuestro escudo.

Detalle de la vid, el racimo y el escudo sobre la camiseta azul
La cepa, las pámpanas y el racimo rodean el escudo.
Chema del Fresno con la paleta ante la camiseta azul colocada en el caballete
Chema del Fresno, ante la camiseta y el caballete.

Una mirada nacida
en la misma tierra.

Elegir a Chema significa confiar en alguien cuya obra dialoga desde hace años con Valdepeñas. Pintor, ilustrador e interiorista, su trabajo recorre el lienzo, el libro, el mural y el espacio. Su estudio reúne esas distintas formas de mirar y construir imágenes.

Su formación tiene raíces locales. El catálogo del XL Certamen Nacional de Pintura Gabriel García Maroto sitúa sus comienzos en 1991, en los talleres de Daniel de Campos en Valdepeñas. Después llegaron la Escuela de Artes Pedro Almodóvar de Ciudad Real y la formación en interiorismo. El dibujo fue creciendo con él y encontrando nuevos soportes.

El vino ocupa un lugar reconocible en esa trayectoria. La serie «Rincones del vino», expuesta en el Museo Municipal de Valdepeñas, forma parte del recorrido que recogió Castilla-La Mancha Media en 2022. Bodegas, atmósferas y espacios vinculados a nuestra cultura se convierten, en su pintura, en lugares donde detener la mirada.

Esa relación llega hasta la materia con la que trabaja. En agosto de 2026 presentó «La voz del vino», una exposición de obras realizadas con vino tinto, algunas combinadas con otros materiales: el vino puede ser paisaje, tema y también parte de la propia obra.

También había llevado la identidad local a prendas para las Fiestas de la Vendimia y el Vino. La Colección del club prolonga ese diálogo entre ilustración, territorio y una camiseta que sale a la calle.

El papel conserva
el primer latido.

Boceto del homenaje a Castilla-La Mancha para el pecho
El homenaje a Castilla-La Mancha, visto de frente.
Boceto del homenaje a Castilla-La Mancha para la espalda
La vid continúa su recorrido por la espalda.

Las anotaciones del boceto hablan de paciencia, cosecha y de la fuerza de quien labra la tierra. En ese vocabulario ya está el puente hacia el deporte: cuidar un proyecto, sostenerlo, trabajar para que crezca. El campo y la pista se acercan a través de una misma idea de esfuerzo compartido.

En las páginas dedicadas al homenaje a Castilla-La Mancha aparece una franja de color de borde irregular. El artista anota «rojo teja violáceo» junto a la referencia a la bandera. El blanco deja respirar el dibujo; la aguada aporta un gesto pictórico que atraviesa la prenda. La identidad regional se expresa desde el lenguaje de la pintura.

La cepa tiene otra cadencia. Su tronco, lleno de líneas, sostiene ramas que se abren, se curvan y se prolongan. Las notas mencionan un efecto de grafito y carboncillo a mano alzada. Esa intención es visible en los originales: el trazo conserva nervio, densidad y pequeñas irregularidades que hacen reconocible la mano del ilustrador.

«El recorrido de los sarmientos, con remates de pámpanos y racimos, nos ofrece un diseño dinámico, con movimiento, como una estructura que nunca termina. La unión con Valdepeñas en este diseño es aún más íntima que en diseños anteriores y, a la vez, homenajeamos a las Bodegas Félix Solís».

Chema del Fresno

Una línea que crece.
Un color que respira.

Chema del Fresno dibuja a mano los sarmientos, las hojas y los racimos de la colección en su estudio
Chema del Fresno pinta con pincel las aguadas de color vino sobre papel en su estudio

Al separar las piezas del diseño, la Colección revela su construcción. El dibujo de la parte delantera concentra el peso visual en la base del tronco. Desde allí, los sarmientos se elevan y vuelven a aparecer cerca del pecho y de los hombros. En la espalda, las ramas encuentran otra distribución y el racimo se incorpora al recorrido.

El abrazo nace de esa continuidad. La vid no se agota en una imagen frontal: invita a rodear la camiseta, a descubrir cómo el motivo reaparece y acompaña la anatomía de la prenda. Los espacios vacíos tienen tanto valor como las líneas; permiten distinguir la cepa, reconocer los símbolos y dar aire a la composición.

Las aguadas originales muestran la otra mitad del trabajo. Hay zonas densas, otras más ligeras y un contorno que conserva el movimiento de la pintura. Entre esas manchas y el acabado que muestran los renders se puede observar cómo evoluciona el color hasta integrarse en la equipación. El resultado mantiene el carácter del gesto inicial dentro de un conjunto que tiene que funcionar en movimiento.

Del boceto
a nuestra piel.

Una idea cambia de escala cuando pasa del papel a la prenda. Las proporciones, la presencia del trazo y la convivencia con el escudo y los patrocinadores adquieren otra lectura.

La comparación permite observar esa evolución en la segunda equipación: la franja pictórica sigue siendo protagonista, mientras la vid encuentra su lugar dentro de la camiseta desarrollada con Joma.

El boceto abre una posibilidad. La Colección la convierte en una imagen compartida.

Equipación blanca y roja Joma 26/27, frente
Boceto del homenaje a Castilla-La Mancha para el pecho
Boceto originalDiseño final de Joma

Una Colección, una misma raíz

Tres formas de llevar
lo que somos.

El azul de casa, el homenaje a Castilla-La Mancha y la energía de la equipación naranja.

Equipación azul Joma 26/27, frente

El azul que nos une.

La primera equipación mantiene nuestra identidad azulona y la recorre con la vid. El dibujo une el pecho, las mangas y la espalda en una composición que envuelve a quien la viste.

La primera equipación habla desde el azul. Es el color del reconocimiento inmediato, el que lleva la afición y el que identifica al equipo. Sobre él, la vid introduce una lectura nueva: acercarse al tejido es encontrarse con un paisaje dibujado, con la tensión de los sarmientos y el pequeño universo de sus hojas y sus frutos.

En la segunda, el blanco y la franja rojiza desarrollan la referencia a la bandera de Castilla-La Mancha que formaba parte de la idea inicial. La pintura encuentra una presencia más evidente y la cepa recorre ambos campos. La camiseta permite llevar la región desde una interpretación artística vinculada a la cultura del vino.

El naranja ofrece una expresión distinta dentro de la misma familia. Se conserva el motivo de la vid sobre una base de gran presencia visual. También se aprecian el color, el escudo y la marca del aniversario. Cambia la voz del color y permanece el origen compartido.

Juntas, las tres propuestas muestran hasta dónde puede llegar una idea cuando se le da espacio para crecer. La libertad creativa concedida a Chema permite que el homenaje inicial se expanda y se transforme en una Colección reconocible, unida por un dibujo que conecta cada pieza con la Ciudad del Vino.

25 aniversario

Lo que hemos vivido.
Lo que nos queda
por sentir.

La voluntad de crear una edición especial para el 25 aniversario estaba en el planteamiento inicial del proyecto. Ese deseo de celebrar nuestra historia acompaña el desarrollo de la Colección y queda expresado en el distintivo que aparece en las prendas.

Veinticinco años tienen nombres propios, viajes, entrenamientos, abrazos y tardes que cada aficionado guarda de una manera distinta. Hay quien recuerda su primer partido. Quien conserva una camiseta de otra temporada. Quien aprendió a querer estos colores de la mano de alguien.

La vid aporta una imagen para reunirlo: un tronco que sostiene, ramas que crecen y una vida que continúa. Vestir esta Colección es llevar una parte de ese camino y dejar espacio para todo lo que todavía vamos a vivir juntos.

Detalle de la inscripción 25 Aniversario en el bajo de la camiseta naranja
El distintivo del 25 aniversario, en el detalle de la equipación naranja.

El arte sale al encuentro
del equipo.

El Museo, los jugadores, la obra y las nuevas equipaciones.

Primer plano de un jugador con la segunda equipación, el escudo y la vid sobre el tejido

El gesto se convierte
en movimiento.

El caballete, la paleta y los pinceles sitúan el origen de la imagen ante nuestros ojos. Después aparecen los jugadores: la camiseta se mueve, gira y se transforma con la postura de quien la lleva. El diseño encuentra su dimensión humana.

En la sesión fotográfica en el Museo Municipal de Valdepeñas conviven el equipo y un espacio dedicado a admirar. Las fotografías permiten detenerse en lo que la pista volverá fugaz: la textura junto al escudo, la curva de una rama, el cuello, una firma conmemorativa junto al bajo.

Hay una emoción particular en ese encuentro. Una obra que nace de la ciudad acaba representándola en el cuerpo de sus jugadores. El lugar donde se presenta y el lugar que la inspira conversan dentro de la misma imagen.

De la tierra al club. Del club al artista. Del artista al trazo. Del trazo a la grada.

Donde juega el equipo,
también late Valdepeñas.

La Colección 26/27 nace de nuestras raíces y sale a vivir con nosotros.
La vid que nos abraza. Nuestra historia sigue creciendo.

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